Nuestro deseo es que te sientas como en casa, porque en la casa de Dios cabemos todos.

 

Mensaje

ÉSTE ES NUESTRO ESTILO

EN LA COMUNIÓN, SACERDOTES Y SEGLARES RECIBIMOS LA MISIÓN

    El intento de unirse y de trabajar juntos sacerdotes y seglares, para mejorar el servicio eclesial que se ofrece a las comunidades cristianas desde un santuario o ermita, es ya método y compromiso en unos cuantos Santuarios de Castilla y León. 

    Desde este empeño de trabajar juntos para mejorar el servicio dan un paso  más, y libremente, crean una asociación cristiana de fieles, reflejan por escrito en un estatuto lo que hacen, libremente se lo ofrecen y presentan al obispo, pidiéndole que conozca todo lo que hay en ese proyecto, su objetivo, su manera de trabajar, su disposición de pobreza evangélica, por la cual los así unidos no sólo trabajan gratis, sino que contribuyen con sus recursos personales en tiempo y en bienes materiales a los fines de la asociación. 

    Este paso lo dan ante el obispo de la Archidiócesis de Valladolid en la que, con su bendición y en locales ofrecidos gratuitamente por él, tienen la sede;  le piden que esa libertad de unirse para trabajar, de asociarse para conseguir mejor los fines y objetivos, la juzgue según los criterios evangélicos por los que nos regimos todos en la Iglesia, que, si es posible, mejore el proyecto plasmado en ese estatuto, y que, una vez visto que está acorde con la comunión eclesial, haga pública su aprobación en su Iglesia local, y le dé así "la misión en la medida en que lo necesite para los fines que se propone alcanzar en nombre de la Iglesia" (c. 313)
  
    Éste es, en síntesis apretada, el camino recorrido en ésta nuestra región natural de Castilla y León.
 
    No dimos esos pasos apoyados en un hecho, que fue origen cronológico de esta iniciativa, pues nos pusimos a trabajar en esta línea siguiendo expresos y públicos deseos del Departamento correspondiente de la Conferencia Episcopal. No comenzamos ahí, aunque fue ése el momento  en el que dimos los primeros pasos juntos. No está ahí la razón de nuestro actuar. La razón es más honda. 

    Es claro que no se puede impedir que uno o más sacerdotes se unan a uno o más seglares para mejorar el servicio que juntos, por motivos nacidos de la misma fe y de la misma piedad popular, ya están prestando de manera inconexa desde uno o más santuarios o ermitas. Este derecho de asociación no es algo a modo de privilegio que concede el Código; el Código no lo da, sino que lo reconoce como existente en la Iglesia, cuando dice: "los fieles tienen el derecho, mediante un acuerdo privado entre ellos, a constituir asociaciones". (c. 299) 

    En el mejor estilo y hacer eclesial, totalmente acorde y concorde con la espiritualidad de la comunión, (decimos "concorde", adjetivando el sustantivo "concordia", que es un término tan querido por nosotros, fruto de una secular experiencia de piedad popular mariana), es claro que, partiendo de este derecho primario, pueden dar un paso más, pueden mejorar, pueden presentar al Obispo el estatuto que ellos se están dando a sí mismos, para que conozca con total transparencia sus objetivos, sus modos de actuar y de gobernarse, su manera de obtener y de administrar los recursos económicos,  y para pedirle que haga público en la Iglesia este estilo y proyecto de trabajo, y que, si a su juicio es merecedor de ello, le dé la misión canónica de manera que desde ese momento pueda ese grupo de cristianos constituido por clérigos y seglares "buscar esos fines en nombre de la Iglesia" (c. 313) según ese estatuto aprobado.
  
    Lo que se hace con esos pasos no es nada de orden o según criterios de la democracia parlamentaria. Es algo fundado y nacido de criterios y principios mucho más exigentes y eficaces. Es el fruto normal, es el estilo sereno y tranquilo que brota de la espiritualidad de la comunión.
  
    Sería bueno leer despacio la doctrina expresada con clara valentía en Novo Millennio Ineunte desde el 42 al 45. Hay que tener hoy la humilde valentía de decir que la democracia no es el principio supremo de acción para conseguir el bien, que siempre ha de ser el objetivo del actuar del individuo y de la sociedad.

    En la vida natural tenemos el principio y el estilo propio de la familia. Ni el ser constituyente, ni el actuar diario de la familia está regido por el estilo y las leyes de la democracia parlamentaria. La familia tiene una razón de ser constituyente y una manera propia de actuar nacida del amor fundante, del amor fuente, del amor que comienza en los padres, y que se comunica vitalmente a los hijos. Si la familia - padres o hijos - olvida y falla en este principio fundamental, si no es coherente con esta su razón suprema de ser, ha errado en su objetivo primario, y, si lo quiere remediar mediante un recurso a métodos y valores puramente democráticos, destruirán la familia, pues ni los padres serán capaces de actuar desde ese amor propio y exclusivo de la familia, amor sacrificado, amor de ternura, que sabemos por experiencia que no tiene límites, ni los hijos llegarán a experimentar la alegría y el gozo del amor recibido gratuitamente y devuelto en reciprocidad y sin egoísmo. 

    Igualmente, hoy tenemos que tener la humilde y evangélica valentía de decir que en la nueva vida, en la vida comunicada por gracia desde la comunión del Dios Trinidad, y que por lo tanto es radicalmente vida de comunión, vida para ser vivida en comunidad, en esa vida existen y son reales y operativos unos principio dinamizadores que superan con mucho los de la democracia parlamentaria. Son los principios y los dinamismos que conocemos con el nombre-síntesis de "comunión eclesial". En virtud de esa fuerza única, de ese poder divino, que es epifanía de un Dios cercano al hombre, nacen en la Iglesia esos que el Papa Juan Pablo II llama "espacios de comunión". Estos espacios de comunión, que no se rigen por las leyes de una democracia parlamentaria, deben ser ampliados, porque la Iglesia que mira a este milenio nuevo que no ha hecho más que comenzar, tiene un reto: "hacer de sí misma la casa y la escuela de la comunión". (Ver NMI 43 al 45)   

    En esa nueva manera de actuar nacida de la comunión Trinitaria, no sólo aprendida o sólo copiada por fuerza humana, sino recibida como don vital merecido para nosotros en su Pascua por Jesús, se apoya el estilo que desde el comienzo hemos querido para la asociación; ese ritmo de caminar es el que ha marcado nuestros viajes, nuestras horas de trabajo, esta suma de gratuidades, de amplios y generosos kilómetros de corresponsabilidad, todo este tiempo de servicio nuestro, emprendido de manera conjunta por seglares y presbíteros en la Iglesia que vive en estas comunidades de Castilla y León. 

    Este camino ha sido conocido, estudiado por los Obispos de Castilla y León. Ellos nos remitieron al experto canonista de la diócesis de Palencia, que en diálogo con los sacerdotes promotores de este estilo de caminar, estudió y mejoró el proyecto. Este proyecto ya en formato de Estatuto fue presentado de nuevo, y como corresponde, a los expertos canonistas de la Archidiócesis de Valladolid. Este camino fue aprobado en documento público por el obispo de esa diócesis, y la iniciativa llamada "SANTUARIOS DE CASTILLA Y LEÓN" tiene por lo tanto "la misión en la medida en que lo necesite para los fines que se propone alcanzar en nombre de la Iglesia" (c. 313). 

   
    Éste ha sido, y éste queremos que siga siendo nuestro estilo de caminar.
  
    Porque camino... ¡queda todavía mucho por andar!


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